- La erosión y las escorrentías centran las primeras actuaciones sobre el terreno tras los incendios en la Comunitat Valenciana
- Recuperar parcelas agrícolas y el pastoreo ayuda a crear mosaicos agroforestales que dificultan la propagación de futuros incendios
- Un proyecto de 125 hectáreas recupera en Los Serranos y Camp de Túria el cultivo del algarrobo en convivencia con la masa forestal
Valencia, martes 18 de agosto de 2026. Estabilizar el suelo antes de las primeras lluvias, controlar la erosión y las escorrentías y observar la capacidad de regeneración natural del monte son las primeras actuaciones que deben acometerse tras un incendio forestal, antes de abordar una eventual reforestación.
Los incendios registrados este verano en la Comunitat Valenciana, entre ellos el que ha afectado al entorno de la Vall d’Uixó y la Serra d’Espadà, dejan ahora paso a una segunda fase sobre el terreno. La pérdida de cubierta vegetal expone el suelo a la erosión y aumenta el riesgo de escorrentías ante la llegada de las primeras lluvias.
La ingeniería ambiental interviene en esta fase mediante la evaluación de las zonas más vulnerables y la definición de las medidas necesarias para estabilizar el terreno. “Podemos proteger el suelo mediante acolchado o mulching, utilizar los propios troncos quemados para crear barreras de retención y ejecutar diques forestales en aquellos puntos donde sea necesaria una corrección hidrológica”, explica Jorge Pi, responsable del área de Medio Ambiente de la ingeniería valenciana MasQueIngenieros.
Los estudios ambientales permiten identificar las áreas con mayor riesgo de pérdida de suelo, los daños sufridos por la vegetación y las posibles afecciones sobre cauces, infraestructuras o espacios agrícolas. A partir de ese diagnóstico se determina qué actuaciones requiere cada zona.
Mosaicos agroforestales para cortar el avance del fuego
La recuperación de los espacios quemados incluye medidas para reducir su vulnerabilidad ante futuros incendios. Entre las medidas de prevención figura la recuperación de parcelas agrícolas abandonadas para favorecer mosaicos agroforestales que intercalen cultivos y masa forestal y reduzcan la continuidad de la vegetación.
“Las parcelas agrícolas abandonadas son polvorines que ayudan a la propagación de los incendios. Si conseguimos recuperarlas y que vuelvan a cultivarse, tendremos algunos de los mejores cortafuegos que existen”, sostiene Pi.
El pastoreo forma parte también de este modelo. Tras un incendio puede ser necesario limitar temporalmente la presencia de ganado para proteger los nuevos brotes. A medio y largo plazo, Pi defiende recuperar esta actividad para controlar la vegetación y contribuir a la prevención de incendios.
Un mosaico de 125 hectáreas entre algarrobos y masas forestales
Una superficie de hasta 125 hectáreas entre Los Serranos y Camp de Túria recupera, ocho décadas después, terrenos tradicionalmente dedicados al cultivo del algarrobo y su convivencia con la masa forestal que había ganado espacio en esta zona despoblada. El proyecto combina árboles centenarios con nuevos ejemplares de especies autóctonas y cuenta desde 2021 con la participación técnica de MasQueIngenieros.
La actuación recupera un cultivo mediterráneo adaptado a climas secos y mantiene la actividad agraria dentro del entorno forestal. El algarrobo contribuye a la conservación del suelo y a las estrategias contra la erosión. “Es una relación de convivencia entre los cultivos de algarrobos y las masas forestales. Recuperar la agricultura en estos espacios permite mantener el territorio activo y romper la continuidad forestal que favorece la propagación del fuego”, explica Pi.
Dar tiempo al monte para la restauración y revegetación
La regeneración natural determina también las actuaciones que deben acometerse a medio y largo plazo. La gestión de la madera quemada, la recuperación de la fauna y el seguimiento de la vegetación preceden a las decisiones sobre restauración y revegetación.
Pi pone como ejemplo la evolución del territorio afectado por el incendio de Bejís de 2022. “Es importante observar cómo responde el ecosistema. En Bejís hemos podido comprobar cómo la naturaleza vuelve a surgir de forma espontánea, pero necesita tiempo”, señala.
El seguimiento permite conocer qué zonas recuperan por sí mismas la cubierta vegetal y dónde será necesaria una intervención. La respuesta dependerá de las condiciones de cada área y de los efectos que el fuego haya producido sobre el suelo, la vegetación y el agua.
La ingeniería ambiental participa tanto en la evaluación de estos daños como en la planificación de las actuaciones posteriores al incendio y en el diseño de medidas preventivas. El Día Mundial de la Prevención de Incendios Forestales, que se conmemora cada 18 de agosto, pone este año el foco en estas actuaciones tras un verano marcado por los incendios forestales.
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