Como bien es sabido, el Black Friday es uno de los eventos comerciales más grandes de la actualidad. Durante estas fechas, las industrias, empresas de transporte y comercios ofrecen variedad de productos y servicios con grandes descuentos, lo que provoca no solo un aumento de la facturación sino también de la producción y, a su vez, del impacto medioambiental.
En las calles se aprecia un aumento del tráfico, tanto de ciudadanos en busca de conseguir las mejores ofertas para intentar ahorrar un poco en las compras navideñas, como de empresas de transporte intentando cumplir con las entregas de paquetería a domicilio.
Todo este despliegue de medios e hiperconsumo generan un impacto ambiental negativo, contribuyendo al aumento de emisiones de gases de efecto invernadero y el agotamiento de recursos naturales.
La ingeniería, al rescate
Para contrarrestar este efecto, es necesario actuar en cada fase del proceso, desde la cadena de producción hasta la promoción de un consumo más responsable y eficiente.
En el ámbito industrial, conviene hacer más sostenibles los procesos para mejorar la eficiencia energética. Existen múltiples formas de hacerlo, como aislar las instalaciones, la sustitución de la iluminación por otras de tecnología LED o aplicar buenas prácticas como el apagado de equipos. Otra forma un poco más compleja es monitorizar consumos y medir la huella de carbono para adaptar los medios, automatizar las cadenas de producción, la sustitución de equipos por otros más eficientes o la instalación de energías renovables.
No obstante, es importante ir un paso más allá e incluir también el entorno, fomentando la creación de zonas verdes en ciudades y en los polígonos industriales, donde la producción de gases nocivos es mayor.
El transporte y la logística también contribuyen a esta ineficiencia por lo que es necesario seguir impulsando el uso de vehículos eléctricos o híbridos, optimizar rutas e incrementar de puntos de recogida de paquetería a nivel usuario.
Tampoco debemos olvidar los comercios, donde la sustitución de luminarias, la mejora en aparatos de climatización y la implantación de energía fotovoltaica o aerotermia son medidas esenciales para reducir considerablemente el consumo.
Finalmente, como usuarios debemos ser conscientes y tomar decisiones de compra basadas en criterios sociales, ambientales y éticos con el objetivo implementar hábitos de consumo más sostenibles. Es fundamental educarnos sobre el impacto que tiene cada compra en el medio ambiente y comprender que las compras impulsivas no solo tienen un costo económico sino también energético.
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